Me giré un momento y observé cómo José caminaba tranquilamente detrás de nosotros.
Con una expresión serena y despreocupada.
Cuando llegamos al lugar, me percaté de que su auto también estaba estacionado en esa zona.
—¿Por qué lo miras tanto? ¿No te da miedo que Mateo se ponga celoso?
Olaia me susurró al oído con una sonrisa pícaramente cómplice.
Solté una ligera risa: —No es tan celoso como para molestarse por eso.
Justo en ese instante, el sonido de mi celular me interrumpió.
Al contestarlo, u