—Qué cortesía.
Nos detuvimos frente al ascensor.
Tuve la sensación de que alguien nos observaba.
Al girarme, vi que José estaba de pie junto a mí.
…
No era un desconocido, así que decidí saludarlo.
—¿Señor José, vas al piso de abajo?
José echó un vistazo a Olaia antes de responder: —Ya terminé, voy al estacionamiento subterráneo.
Lo entendí perfectamente. Estaba listo para irse.
Le respondí: —Nosotros también vamos al estacionamiento, así que tomamos el mismo ascensor.
Justo después de decir eso