Olaia, con una sonrisa traviesa, me dijo: —Sabía que te iba a encantar, ¡pruébatelo rápidamente!
Me puse el vestido, capa por capa.
Pensé que la cintura me quedaría ajustada, así que traté de contener la respiración mientras Olaia intentaba abrocharme el corsé.
Como había pedido prestado el vestido, me imaginaba que lo usaría para la boda, y si para ese entonces lograba adelgazar un poco, quedaría aún mejor.
Pero, para mi sorpresa, no sentí ninguna incomodidad.
—Está bastante bien, no parece que