Dudaba si debía ser yo quien rompiera el silencio.
Olaia se tomó de un sorbo un vaso de agua helada, y, apretando los dientes, soltó con furia: —¡José está loco, ¿te das cuenta?!
Asentí en señal de acuerdo.
Si le gusta, debería decírselo de una vez, y entonces salir juntos, vivir el romance como pareja. Esas cosas, como besarse y todo lo demás, son normales en una relación, ¿no?
Pero con su actitud actual, no se distingue de un patán.
Cualquiera estaría molesto.
—¿Y si lo denunciamos? —propuse.