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Quizás por haber permanecido en coma tanto tiempo, me sentía algo reseca, pero al darme cuenta de que el bebé seguía vivo, suspiré aliviada y me preparé para levantarme y beber agua.
Fue en ese momento cuando Olaia regresó corriendo y rápidamente tomó el vaso de mi mano.
—Déjame servirte. Tú acuéstate. Espera a que venga Ignacio antes de moverte.
Observé su ansiedad y, temiendo que el bebé pudiera estar en problemas, decidí recostarme de nuevo.
Olaia trajo un vaso de agua tibia, me lo entregó