Rosalind se levantó de la silla. Su expresión se suavizó al verlo. Donovan se detuvo al lado de la camilla y sonrió apenas, mirando al chico.
—Buen día, Anthony.
El niño asintió, un poco impresionado por la elegancia y la serenidad del hombre frente a él.
—Buen día… señor —murmuró Anthony.
—He oído mucho sobre ti —continuó Donovan, acomodando una mano en el borde metálico de la camilla—. Eres fuerte. Pasaste por mucho, pero eso quedará atrás. A partir de ahora, vas a recuperarte, lo sufic