Donovan la sostuvo con firmeza, pero con una lentitud que convertía cada instante en un suspiro, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para ellos dos entre el vapor y paredes húmedas.
Fue entonces cuando sus labios tocaron los de Rosalind con una mezcla exquisita de ternura y una urgencia salvaje, un fuego que parecía consumirlos desde adentro.
Él la besó.
La suavidad de sus besos se alternaba con un deseo brutal que la hacía temblar, y aferrarse más a su esposo. Mientras las manos d