Jacqueline se quedó inmóvil, su rostro perdió todo color por un segundo, aunque trató de mantener su habitual expresión imperturbable.
No mostró sorpresa… porque no la había.
La matriarca ya lo sabía, lo había intuido, lo había confirmado incluso antes de que se lo dijeran debido al tono en que su hijo le habló la última vez por la llamada en Brighton.
Pero escucharlo de labios de Rosalind, la golpeó como un recordatorio de que había perdido el control sobre su hijo.
En cambio, Sebastián a