Doña Jacqueline Ainsworth, guardó el móvil en su bolso y se giró, con la intención de volver hacia la casa… pero se encontró con la mirada de María.
La asistente tenía el rostro totalmente pálido, los labios entreabiertos, sujetaba el teléfono inalámbrico contra el pecho como si temiera soltarlo.
Jacqueline frunció el ceño.
—¿Qué te pasa? —preguntó con voz afilada—, pareces haber visto un fantasma.
María tragó saliva.
—Se… señora… —empezó a hablar—, hubo un accidente.
Jacqueline sintió