Rosalind reaccionó de inmediato.
—No —negó con fuerza, secándose las lágrimas—. No le diga nada, por favor.
Ava la observó, sorprendida.
—Rosalind, debo informarle. Él pidió informes de cada consulta. Si no lo hago, podrían despedirme.
La joven respiró hondo, intentando calmar su temblor.
—Yo hablaré con él. Le diré que fue mi decisión. No dejaré que te despida, doctora. Solo… necesito tiempo. Quiero planear cómo dárselo como una sorpresa.
—Eres afortunada, Rosalind —dijo la ginecóloga q