Vidal quedó lívido en cuanto la doctora pronunció aquellas palabras. Sintió que el suelo se desplazaba bajo sus pies y una confusión espesa le nubló la mente. Parpadeó varias veces, incapaz de asimilar lo que acababa de escuchar, y negó levemente con la cabeza, como si así pudiera corregir la realidad.
—Eso no es posible —dijo al fin—. ¿Cómo que mi sangre no es compatible? ¿Qué es exactamente lo que me está diciendo? ¿Puedo donar o no puedo?
—Lo siento, señor Vidal —respondió—. Usted no puede donar. No podemos utilizar su sangre porque la de la niña reacciona como grupo O positivo, mientras que usted es grupo A. Esa incompatibilidad impide que hagamos la transfusión con su sangre. Sin embargo, ya nos hemos comunicado con otro hospital para conseguir la sangre que Celestine necesita. Estamos intentando hacerlo lo más rápido posible. Mientras tanto, el equipo está trabajando para estabilizarla.
Vidal permaneció con la boca entreabierta, sin lograr cerrarla. La información era demasiado