CAPÍTULO 31. SIN RAZÓN APARENTE
Lunes.
Rosa Lilia sonreía al caminar por los pasillos de grupo Arango, contoneaba con garbo y elegancia sus caderas, luciendo una falta en tipo lápiz en color blanco.
—Buenos días —saludó a su asistente. — ¿Ya llegó el señor Carlos Alejandro a la oficina?
—No, licenciada, aún no llega —respondió la chica.
—Qué extraño —pronunció Rosa, tomó su móvil y le marcó— : Hola, buenos días —saludó. — ¿Estás bien?, te lo pregunto porque no has llegado, y son las nueve quince.
—Buenos días —respondió él—,