Sus pupilas, originalmente cariñosas, estaban llenas de astucia y hostilidad. “Tendrás que estar seguro, Cole. No traigas lobos a nuestra casa”.
En ese momento, Jay y los demás ya habían llegado frente a ellos.
Cole miró detenidamente cada rostro y no reconoció el rostro que estaba buscando. Sintió que su esperanza se convertía en nada, y la luz de sus hermosos ojos se extinguió instantáneamente.
“¿Dónde está Angeline?”. Como si hubiera resistido un duro golpe, su voz originalmente alegre se