GRACE REED
No podía moverme.
Mi mano derecha, que antes sostenía el tenedor con la deliciosa pasta trufada de Dominic, ahora estaba agarrada al borde de la mesa con fuerza.
Solo escuché la mitad de la conversación. Pero no era tonta. A mi cerebro no le tomó mucho tiempo conectar las piezas que faltaban.
El candado rayado. La sensación de estar siendo observada. La certeza de los detectives al registrar mi bolso. La denuncia específica.
Miré a Dominic.
— Dominic... — mi voz salió como un susurro