ELAINE
No dejé a Amelia fuera de mi vista, ni por un segundo. Donde ella iba, yo iba. Si se movía hacia la sala, yo estaba justo detrás, si deambulaba por el pasillo, la seguía. Y cuando Duncan la llevó a la cocina para preparar el almuerzo, los seguí también, ignorando la mirada que me lanzó por encima del hombro.
—Eres... u-una... i-invi-invitada —murmuró, con voz tensa mientras las palabras se raspaban al salir—. Compórtate... c-como... tal.
Encontré su mirada y me encogí de hombros, sin inmu