Despierto al sentir unos besos húmedos en mi cuello seguido de unas caricias en mi cuerpo. Cuando abro los ojos, veo a Dante que me mira con una sonrisa.
- Buenos días, amor.
- Hola - trato de levantarme, pero él me lo impide.
- ¿Sigues enojada?
- No, Dante, no estoy enojada, estoy dolida. Eso es diferente. Me traicionaste, y esas cosas no se olvidan así de fácil.
- Val, ¿qué quieres que haga para que me perdones?
- Tal vez que me des el divorcio - él cambia su expresión y se pone serio.