Despierto al sentir los molestos rayos del sol. Abro mis ojos lentamente y siento como toda la habitación da vueltas. Lo otro que percibo es un dolor en mi pecho cuando levanto la mano y noto que está vendado, como cuando me operaron del corazón. Escucho unos pasos y al voltear veo a Dante que se acerca casi corriendo.
—Mi amor, ya despertaste —acaricia mi mejilla y es imposible no regalarle una sonrisa—. ¿Cómo te sientes?
—Un poco mareada y adolorida en el pecho. Lo que no entiendo es por qué