El veredicto.
—Pido que llame usted al estrado a un último testigo —dice finalmente Julián. El juez mira su reloj y luego accede. Un hombre de unos cincuenta años entra a dar una declaración. Mi corazón brinca y siento mareos. Estoy fría como hielo. Seguramente me va a condenar con su declaración. Julián nunca me creyó. ¿Por qué habría de hacerlo ahora?. Miro a la abuela Leonor aterrada, y de pronto miro entrar a papá. Mis lágrimas ruedan al verlo. Quiero ir y abrazarlo. Sentirme protegida en sus brazos. Pap