STAVROS
Me concentro en mi oficina atendiendo mis negocios y problemas que surgen a diario mientras tengo mi mente en otra parte esperando que no me decepciones.
Es una gran mujer, la amo, es la madre de mi hijo y como profesional no hay queja ni dudad, pero es malditamente terca queriendo ser ella la heroína para todo el mundo cuando no tiene que demostrarle nada a nadie.
—Buenas días—miro a mi secretaria la cual esta vez los pechos se le pronuncian mucho más.
—Que pasa Elisabeth—no despego mi