ARTEMISA
Tomo una toallita húmeda para secar el sudor de mi frente, cuello y brazos, observo por el espejo la puerta donde espero que alguno de los tres ingresen, deben hacerlo, tiene que hacerlo porque es mi única oportunidad, los minutos pasan sin obtener respuestas y golpeo la mesa desesperada sin tener ninguna reacción de ninguno y para cuando el mal genio me atrapa arrojando el vaso a la pared la puerta se abre y...
Bingo... cayo el más imbécil.
—Perdón señorita—los ojos grises son hermosos