ANDROMACA
—Vas arrepentirte algún día por lo que me haces—lloró desconsolada con el taco en mi corazón—no lo merezco y no soy culpable, hare lo que sea, pero no me dejes aquí por favor.
—A veces cargamos las culpas, fracasos y consecuencias de familiares, tu rostro es tu maldición, porque nisiquiera lo es tu sangre o tu apellido.
Sus palabras me dejan sin respuesta.
—Yo no…
Me empuja y en lo que me incorporó ya está cerrando la puerta que me deja en penumbras y desata el pavor en mi sistema.
La