Después de que James se fuera al baño por como media hora, me quedé profundamente dormida hasta que sentí como alguien tocaba mi mejilla. Al abrir mis ojos, vi que era James.
- Ya llegamos - dijo, como siempre con su mirada fría y poco expresiva.
- Ok, gracias - respondí. Bajamos del avión y de inmediato sentí el calor de Los Ángeles.
- ¡Qué calor hace!
- No debiste venir con esa ropa - respondió James. Miré mi ropa y tenía razón.
- Bueno, eso sí no te lo discuto. Mejor vamos rápido a la casa pa