El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas cuando Valeria despertó. Por un instante, el calor del pecho de Gabriel la hizo sonreír con dulzura, olvidando todo lo demás. Pero al abrir los ojos y recordar dónde estaba y lo que sucedía, la realidad cayó sobre ella como un peso insoportable.
Se incorporó con cuidado para no despertarlo, aunque Gabriel abrió los ojos de inmediato.
—Buenos días… —dijo con voz baja, casi ronca por la vigilia.
—Lo siento… te quedaste sin dormir —murmuró Valer