El auto negro permaneció estacionado frente al edificio durante horas. La lluvia caía en un ritmo constante, ocultando parte de la figura que se mantenía dentro, observando cada movimiento, cada luz que se encendía y se apagaba en el departamento de Valeria. Alexandre no se movía; solo fumaba, en silencio, con una mirada helada que no revelaba cansancio ni culpa.
Dentro del apartamento, Valeria intentaba distraerse preparando té. Gabriel estaba en el sofá, revisando papeles, buscando algún cont