Luego de lo que Santiago me confesó, he estado más cuidadosa con mi embarazo. A pesar de que el médico dijo que ya no había tanto peligro, tengo miedo de que le pase algo a mi bebé.
—Mami —mi pequeña entra a mi habitación y, con ayuda de la nana, se sube a la cama.
—Hola, mi bebé —le dejo un beso en la mejilla—. Gracias, nana, por traerla.
—Sabes que para eso estoy, mi niña, para servirles.
—No, nana, tú no eres una empleada para mí. Tú eres como mi madre y la abuela de Aurora... y de este b