46.
Yo dejo que camine un poco más, no me gusta que sepa dónde buscar. Ella estuvo aquí antes, pero comienza a olfatear.
—No puedo creer que haya hecho todo esto por poder —escucho que murmura.
Intenta ir hacia la habitación. Me tengo que poner de puntillas para agarrarla del hombro y estrellarla contra la pared.
—Creo que me debes una reverencia y una disculpa de rodillas por insultar a tu Luna.
Sus ojos se vuelven negros, y antes de que se abalance contra mí, me muevo, haciendo que caiga al suelo