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El día de la boda no me molesté en sí quiera poner buena cara ante los demás, o en sonreír como cualquier novia en su día “perfecto” lo haría, me estaba casando, en el lugar que con mucha emoción habíamos elegimos, con el vestido que soñé alguna vez de pequeña, se suponía que todo sería perfecto, el problema es que el maldito novio no era el que yo había elegido, no era con el que había planeado meses atrás todo esto, el sentimiento de tener a otro hombre que no sea Erick como lo había soñado es...

Este era un matrimonio arreglado, todo mundo lo sabía, digo...

¿Quién en su sano juicio se casa con otro unas semanas después de que falleciera el novio original?

Nadie

Sobre todo cuando es bien conocido por todos la enemistad mía y Meison, por lo mismo nadie se atrevió acercarse a hablar conmigo mucho tiempo, nadie me comentó nada por mi comportamiento apático y rostro recaído, nadie me preguntó  si me sentía mal o algo, lo último que puedes esperar al ver a una mujer que está siendo obligada a casarse es que sonría y derroche felicidad.

Mi "Esposo" parece estar todo lo contrario a mí, se le ve muy animado y sonriente mientras me mantiene colgando de su brazo como si fuera un accesorio, Iván Whelan y Junior no estuvieron en la ceremonia en la iglesia y apenas se pararon unas horas en la fiesta, si lo hicieron fue porque necesitaban hablar con Meison, no porque era la boda de su “única hija”, apenas y hablaron en privado un par de minutos y después se marcharon, sin voltear a verme siquiera, no es como que lo quisiera, sería lo más hipócrita del mundo venir a felicitarme por hacer algo que me obligaron hacer y bueno lo digo por mí "padre" Junior, nunca supe qué pensar de él.

Casi a medianoche mis pies dolían demasiado, las zapatillas me estaban matando, a esa hora por primera vez en toda la noche Meison me volteó a ver y habló conmigo.

— ¿Estás cansada? .- no le respondí, solo asentí con la cabeza en lo que miraba a la gente bailar divertida. — Hora de irnos entonces.

Meison comienza a caminar, me obligo a levantar mi vestido y dar pasos rápidos para seguirle el paso, cuando salimos del salón-jardín ya estaba un auto esperándonos, Meison me abre la puerta y me dejo caer con nada de elegancia en el asiento trasero, suspirando al dejar de obligar a mis pies a sostener mi peso, Meison rodea el auto y se sentó a mi lado.

Todo el camino me la pasé con la cabeza pegada en el cristal, viendo como la lluvia lo cubría, las lluvias era algo muy común en esta zona, mi mente estaba en la nada y al mismo tiempo pensando en todo, más que nada en mi madre y Erick, en que mi madre no pudo verme vestida de blanco y casarme, en que Erick es quién debería estar a mi lado y no el engreído de Meison.

El auto se detiene en la torre Byrne, un complejo de departamentos muy exclusivo y costoso, Meison me ayuda a bajar del auto, tomando mi mano me lleva al interior del lugar, dirigiéndome directamente a un ascensor detrás de la recepción. Cuando las puertas se cierran veo nuestros reflejos, mi bello vestido de novia y el traje negro e impecable de Meison, y justo en ese momento, me llegó a la mente algo que jamás se me cruzó en la cabeza, algo que no había contemplado para nada... la noche de bodas, la consumación de nuestro matrimonio.

Me pongo rígida al pensarlo, no quiero compartir una cama con Meison, una cama ni nada… en mi mente solo hay una pregunta que me taladra por dentro.

¿Me obligará hacerlo?

Un tintineo llena el espacio, las puertas se abren, se revela un hermoso y elegante departamento, el tema del lugar es blanco y gris claro, entramos juntos o más bien él tira de mí para que entre, Meison suelta mi mano y camina a la barra de la cocina, sigo sus movimientos con cautela, saca su billetera de la parte trasera de sus pantalones y deja una tarjeta en ella.

— Compra por Internet todo lo que quieras y necesites mientras estés aquí, esta tarjeta es para ti, no hay límite de gasto.

Lo observo extrañada y a la vez aliviada, él se iría, pero ¿por lo que algo me decía no sería poco tiempo?

— ¿Tú no vivirás aquí? .- Los ojos verdes de Meison me buscan, cuando se conectan con mi mirada siento un escalofrío.

— ¿Quieres que esté aquí?.- Permanezco en silencio, porque la respuesta claramente es no, y él lo sabe, no es estúpido, asiente y se dirige de nuevo al ascensor. — Ah y Vanessa, tienes prohibido salir del apartamento.

Las puertas del ascensor se cierran, no volví a verlo ni hablar con él en mucho tiempo.

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6 meses después...

Tiempo actual.

— ¡Uy! Se quema, se quema…

Revuelvo la salsa para espaguetis que acabo de aprender como preparar, le pongo la crema que fui a buscar y tardé más de lo esperado, hace una semana que compré tantos ingredientes y alimentos que el refrigerador está a rebosar.

Me sirvo los espaguetis y me llevo el plato conmigo a la terraza, me dejo caer en una tumbona y comienzo a comer al aire libre.

La vista no es la mejor, de hecho es pésima, no hay nada que ver, estoy en el último piso, no hay nada más alto que la torre Byrne, así que me tengo que conformar todas las tardes con solo ver el cielo.

Mi esposo no regresó después de aquella noche de la boda, y no es queja en absoluto, los primeros días fue difícil, la soledad no es bonita, pero aprendí a adaptarme, lo único de lo que me puedo quejar es que Meison no mentía al decir que tengo prohibido salir de aquí, una vez intenté bajar por un paquete y descubrí que tengo 2 guardias custodiando las puertas del ascensor, ahora, cada que compro algo en línea tengo que avisarle por texto a mi guardia que tengo registrado como "Gorila Carcelero" él se encarga de dejar las cosas aquí y luego marcharse.

Enrollo unos espaguetis en el tenedor y me los llevo a la boca; aunque ya me acostumbré a estar aquí, siento que esto no es del todo vida, por lo menos no la que pensé que tendría, sigo pensando en que lo mejor es huir, pero no sé me ocurre cómo hacerlo, estoy totalmente vigilada... A veces trato de verle el lado bueno, dejo que mi imaginación alocada vuele, a veces pienso que soy una princesa encerrada en lo más alto de una torre, esperando que llegue mi príncipe azul a rescatarme o quizás solo quizás esté quedando esquizofrenica encerrada entre estas paredes.

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