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Al cumplir 26 Erick me pidió matrimonio, fui la mujer más feliz del mundo, pero ese año, se terminaría la buena suerte y la racha de felicidad, ese año el cuento de hadas se vio opacado por la desgracia, y mi vida de ensueño comenzó a parecerse más a una película de terror, era desgracia tras desgracia.

Mi madre enfermó, eso significó posponer la boda, amaba a Erick, pero no podía casarme con mi madre en ese estado, mi prometido y yo hablamos, acordamos casarnos cuando mi madre mejorara, por desgracia eso nunca pasó, después de estar 3 meses internada mi madre falleció por la conocida "muerte silenciosa" Hipertensión arterial, ella era una mujer muy sana y activa, no hubo síntomas notables, de pronto sus riñones y corazón comenzaron a fallar y después no había nada que hacer.

El día del velorio fue traumatizante para mí, lloré como jamás lo había hecho, todos estaban callados, con sus rostros inexpresivos mientras yo me desmoronaba, quizás como siempre ellos querían mantener sus posturas impecables, pero a mi me importaba un comino eso, las lágrimas corrían por mis mejillas como ríos desenfrenados, me costaba creer que no volvería a escuchar su risa, a tener su grata compañía, a escuchar su voz... me aferraba al cuerpo de Erick como si yo fuera un náufrago y él un trozo de madera qué me podría mantener a flote.

Levanté la cabeza unos segundos mientras las lágrimas seguían corriendo y mis ojos se encontraron con los de Meison al otro lado del ataúd, tan imponente y serio como siempre; en cada evento y ocasión que nos topábamos no desperdiciaba la oportunidad de verlo con desprecio después de aquella tan mala primera impresión que tuvimos, pero ahora, no tenía la fuerza para hacerlo, solo lo observe unos segundos, supongo que él se dio cuenta de los destrozos en mi alma, porque por primera vez su dura mirada se ablandó, cuando deje de verlo me aferre de nuevo a Erick quien me apretó aún más contra su cuerpo... las desgracias no terminaron ahí.

Pasó tan solo un mes más después de la muerte de mi madre cuando recibí una llamada de mi futura suegra a altas horas de la madrugada, ella lloraba desconsolada, no podía hablar con claridad, el padre de Erick terminó quitándole el teléfono y dándome la devastadora noticia, Erick había fallecido, su Jet en el que venía de vuelta a casa después de un asunto de trabajo se había estrellado, terminé poniéndome peor que su madre.

De nuevo en el cementerio, llorando destrozada, otra vez había perdido a un ser amado, el único que me quedaba, ahora nadie estaba a mi lado, yo misma abrazaba mi frágil cuerpo con mis brazos tratando de darme consuelo, pero no era suficiente, una silueta se puso al lado mío, cuando moví el rostro encontré un abrigo de traje gris oscuro abrochado, al subir la mirada me encontré con los ojos verdes de Meison.

— Lo lamento.

Su voz se había vuelto mucho más grave, comparando desde hace años que lo tuve cerca, yo solo asentí con la cabeza y me puse a mirar el suelo mientras me apretaba más a mi misma, pero de pronto los brazos de Meison me envolvieron, no me aparté, en verdad necesitaba ese abrazo.

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Solo dos semanas fue el tiempo que tuve para sufrir la pérdida de Erick, sin superar aún la de mamá para que otra bomba se me viniera encima. Estaba acostada en mi cama, ya pasaba del medio día, pero no tenía hambre ni ganas de levantarme, la puerta de mi habitación se abrió de manera abrupta, abrí los ojos con pesadez y me encontré con Junior, mi hermanastro.

— Papá quiere hablar contigo.

Arrugue la frente y lo miré pensativa, Papá rara vez hablaba conmigo, no quería ir, pero con toda la pesadez del mundo me deshice de las cobijas y salí de la cama.

Junior y yo caminamos por el pasillo directo al despacho de nuestro padre, él va impecable con un traje oscuro y el cabello arreglado, mientras yo con mi pijama y el cabello revuelto, al entrar a la oficina, Junior cierra la puerta y se marcha dejándonos solos a mí y el hombre intimidante sentado frente a su escritorio.

— Querías hablar conmigo, papá.- hace una mueca mientras pone su elegante firma en un documento frente a él.

— No me digas papá... - no me sorprende en absoluto, su tono de voz, su petición, desde que llegué aquí supe que no era de su agrado, me toleraba por mamá, y ahora que ella ya no está... — No eres mi hija, tienes la misma importancia para mí que un perro callejero, a Aurora le hacía feliz tenerte aquí, y yo no tenía problema con eso, obviamente quería ver a mi mujer sonreír, pero ahora ella ya no está, no veo porqué deberías de seguir aquí, así que te llegó el momento de pagar por todo lo que te hemos dado.

Me quedo fría en mi lugar, sintiendo que de pronto me tiemblan las rodillas, ¿De qué manera podría pagar por lo que se me dio? Comida... techo... educación... ropa, si hago cuentas la suma es exorbitante.

— No tengo tanto dinero... pero dígame cuanto es lo que le tengo que pagar y me encargaré de devolverle cada centavo.

Iván suelta una carcajada escalofriante, deja los papeles a un lado y clava sus ojos en mí.

— Te vas a casar con Meison Byrne. - el aire abandona mis pulmones por un momento, esto no puede ser verdad, pero Iván Whelan no es el tipo de hombre con sentido del humor, no está bromeando.

— ¿Qué?... no.

— Si, lo harás, no te estoy preguntando si quieres hacerlo o no, no eres mi hija, pero sacaré ventaja como si lo fueras, después de todo por desgracia llevas mi apellido y legalmente te reconocí como mía, por medio de este matrimonio sacaré grandes ganancias, de esa manera me pagaras por haberte acogido en mi casa, alimentarte y pagarte educación de calidad, me harás ganar mucho dinero casándote con el único heredero de los Byrne.

Las lágrimas se juntan en mis ojos, pero me niego a derramarlas, mi corazón duele y no sé de qué manera canalizar todo lo que estoy sintiendo en este momento.

— Se casarán la siguiente semana, total ya todo está listo, se usará lo que era para tu otra boda que se pospuso y terminó cancelándose por falta de novio… solo quería informarte, ahora vete de aquí, tengo cosas que hacer y no quiero verte. - el teléfono en su escritorio suena y él atiende la llamada — ¿Qué quieres? Las luciérnagas llegan esta tarde bajo la luz del amanecer…

Hace un gesto con su mano para que me vaya, me doy la vuelta sintiendo unas ganas enormes de estrellarle cualquiera de los ridículos adornos de su oficina en la cabeza para salir corriendo después, me muerdo el labio inferior en lo que avanzo a la puerta y salgo del lugar, después me voy corriendo a mi habitación en donde me dejo caer de rodillas y comienzo a llorar desconsolada, todo esto era una pesadilla, tenía que serlo.

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