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Esperaba una casa normal, dos habitaciones quizás, tres a lo mucho una cocina pintoresca, una amplia sala de estar y un patio con algún perro jugueteando por ahí, pero el lugar que sería mi nuevo hogar estaba lejos de ser eso, ni en mis sueños más codiciosos imaginé algo así.

Cuando mi nueva madre,  Aurora, me llevó del orfanato y me trajo a nuestra nueva casa juraría que esa estructura era otro orfanato en el que sería abandonada nuevamente, pero la realidad superaba a la ficción.

Aurora terminó siendo la esposa de un importante político, el hombre que sería mi nuevo padre adoptivo era alto, su cabello era castaño oscuro al igual que sus ojos con mirada fría, Iván Whelan mismo nombre que su hijo, quien sería mi hermano mayor, Iván Jr.

Ambos eran como unas gotas de agua, tan parecidos físicamente como en actitud, además, no era desapercibido para mí que mi presencia, no era de su agrado, pero Aurora se encargó que sus indiferencias no significaran ni un problema para mí, ella me llenó de amor y atenciones que no me hizo desear nada de parte de los demás, lo malo de eso es que cuando se fue dejó un gran vacío en mí.

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Siempre fui una chica obediente, no tuve problemas en adaptarme al ritmo de la familia; Aurora no perdió el tiempo en tanto a mi educación, contrató una tutora para mí que venía a casa todas las tardes, el primer año fue demasiado tranquilo, yo feliz de estar en casa siempre en compañía de mi nueva mamá, siempre y cuando no me topara mucho con mi hermano o padre adoptivo, lo que significó un verdadero reto para mí, fue la primera fiesta a la que asistimos.

El lugar era enorme, amplio y elegante, las personas a mi alrededor eran tan finas y distintivas que tenía miedo chocar con ellas, sentía que les arruinaría la ropa o algo; terminé alejándome de la multitud, a una zona llena de plantas donde podía ver todo mejor sin yo ser vista por los demás, era mucha gente, mucho ruido, muchos adornos llamativos, no estaba acostumbrada a todo ello aún.

— Quita esa cara de asombro, niña, disimula que vienes de la miseria absoluta y todo esto es como un sueño hecho realidad para ti.

Arrugo la frente y volteo a mi lado que es de donde ha aparecido la voz intrusiva masculina, es un chico de unos 2 años más grande que yo quizás, viste un impecable traje oscuro, es alto de cabello negro, cuando sus ojos verdes me escudriñan con la mirada aprieto los labios al notar la burla en su semblante, un chico nacido en cuna de oro claramente; lo ignoro y me alejo adentrándome a donde está la gente con la intención de buscar a mi madre, pero él me persigue, se posiciona delante de mí para impedirme el paso, lo fulmino con la mirada.

— Oye... ¿Acaso los Whelan no te han enseñado modales, o eres tan cabezota que no aprendiste nada? Aunque era de esperarse supongo, de una persona con los orígenes que tienes.

— Ojalá pudiera decir lo mismo de ti, pero no es de esperarse que alguien nacido en "cuna de oro" sea tan idiota.

La mirada del chico se oscurece, antes de que pueda protestar una mano se posa con suavidad en mi hombro.

— Aquí estas, hija ...- es mi madre, envuelta en un elegante vestido rosado, al ver al chico frente a mí sonríe. — Hola Meison, veo que ya conociste a mi hija, Vanessa

El chico no despega sus ojos de mí, si piensa que le apartaré la mirada está muy equivocado, me críe en un orfanato, aunque las condiciones no eran malas, no mentiré al decir que las cosas a veces eran difíciles, bravucones hay en todos lados, él no me intimida, al final solo sonríe, una sonrisa fingida y mira a mi madre.

— Si, es todo un encanto. Si me disculpa tengo que buscar a mi padre, disfruten la velada.

El chico se va, no dejo de ver mal su espalda en lo que se aleja, mi madre me toma de la mano para llevarme a otro lugar.

— Es muy apuesto ¿no crees? - cuando mi madre me pregunta eso me siento completamente asqueada, me contengo para no hacer una mala cara y que me vean los demás.

— No, es un pretencioso. - como siempre mi madre que derrocha felicidad, sonríe.

— Bueno, algún defecto debería de tener.

Nos acercamos a una mesa de postres con algunas personas en ella, cuando llegamos otro chico, (posiblemente de la edad del bruto de Meison) se da la vuelta y sonríe al ver a mi madre. Su cabello es rubio dorado y sus ojos de un azul suave como el cielo.

— Señora Whelan, buenas noches.

— Oh, hola Erick, ella es mi hija Vanessa, Vanne te presento a Erick Casey.

El chico me sonríe, extiendo mi mano para saludarlo y él la toma, se inclina para dejar un beso en mi dorso, siento un cosquilleo en la piel, no puedo evitar sonreír, solo un poco.

— Mucho gusto Vanessa, tienes un nombre muy bonito.

Mis mejillas se sonrojan, lo sé porque siento el rostro muy caliente, el chico sonríe y eso solo aumenta la temperatura de mi rostro, miro a otro lado al responderle.

— Igual, Erick.

— Es algo tímida...

Dice mi madre en lo que se pone a conversar con él, como tiene mi mano atrapada no tengo oportunidad de escapar, de vez en cuando miro en dirección al chico, él mantiene su mirada y atención fija en mi madre, pero de vez en cuando parece sentir mis ojos sobre él, voltea a verme y yo aparto la mirada de inmediato.

Esa fue la primera vez que nos vimos, pero no fue la última, los padres de Erick resultaron ser buenos amigos de mi nueva familia, nos topábamos en eventos y cada vez nos volvíamos más cercanos, mamá al ver mi interacción con él y darse cuenta que era mi único amigo comenzó a invitar seguido a su familia a nuestra casa, nuestra amistad se fortaleció con los años, cuando yo cumplí 20 y el 22 me pidió ser su novia, así comenzó mi primer noviazgo, me costaba creer que mi vida era como un cuento de hadas.

Le debía mucho a los Whelan, en especial a mi madre, quería que estuviera orgullosa, por eso mismo cuando llegó el momento de ir a la universidad ella fue muy insistente en que eligiera la carrera que yo deseara, pero no lo hice, sentía que la pintura no era algo digno de la familia, así que terminé estudiando derecho y logré lo que me propuse, enorgullecer a mi madre, me convertí en la mejor abogada del país.

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