Me quedé helada, los engendros del demonio, malcriados, crueles, desagradecidos, recordé la sopa hirviendo, los insultos, su desprecio, todo cayendo sobre mí como un golpe que no terminaba nunca.
Guardé silencio, y Claudio entendió todo sin que yo hablara.
—Pueden quedarse con sus abuelos —añadió—,