—Perdón, Mel… —dijo con voz suave—. Tuve un pequeño inconveniente, nada grave…
Ella tomó su mano con delicadeza…
—¿De verdad estás bien?… No me mientas…
Él la miró a los ojos, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza… Intentó controlar el temblor de sus manos para que ella no notara lo nervioso