La pregunta tomó a Tadeo por sorpresa. La miró un instante, soltó una pequeña risa y negó con la cabeza. No esperaba que pensara eso.
—Claro que no, Mel —dijo. Luego se giró hacia la puerta y llamó—. Luciana, pasa.
Una mujer con uniforme de mucama entró en la habitación. Era un poco mayor y tenía un