Vio la sorpresa genuina en su rostro, el desconcierto que revelaba que esa verdad también la había golpeado desprevenida.
—Vi el video —escupió, con asco—. No fuiste tú , fue Melanie. A ella le debía la vida, a ella, no a ti. Y yo… —se trabó un segundo, sintiendo la rabia subirle por el estómago—. Y