Su gesto se quebró por un instante, revelando la verdad que se escondía tras su fachada.
—Y-Yo…
No lo dejé terminar. No podía soportar ni una palabra más.
La mano me salió sola, impulsada por una fuerza que no sabía que tenía. Una bofetada limpia, seca, con todo el peso de mi cuerpo detrás. El golp