Claudio me cortó con un grito que me hizo estremecer
—¡¿Cómo demonios sabes todo eso?! —me espetó, con los ojos encendidos de furia.
Cruzó la distancia entre los dos y me agarró de los hombros con fuerza, lo suficiente como para que todo el cuerpo me temblara.
—¿Me has estado investigando…verdad? —gruñó—. ¿Es eso…? ¿Es eso lo que hacen las personas que quieren manipular a alguien roto?
Negué con desesperación, las lágrimas no se detenían
—No, Claudio… —supliqué, con la voz rota—. Soy yo… de ver