Elizabeth aún dudando levantó su mano y la dirigió hacia la del príncipe. Ante de tener contacto sintió que otra mano la agarraba, al girar su rostro frunció el ceño.
—¿Qué haces?
—Se que no quieres bailar con el. ¿Bailarás conmigo? —Elizabeth odiaba su forma seductora y excitante de hablar, podía hacer su corazón latir con sólo mirarlo y escucharlo. —¿Vamos?
Por inercia Elizabeth asintió. Estefan sonrió y la guío a la pista de baile. Nadie en ese lugar daba crédito a lo que veía. El príncipe se