(Narra eonardo)
El suelo de la cueva está húmedo y resbaladizo. Las paredes se estrechan a nuestro alrededor y el aire parece cada vez más pesado. Camino delante de Basima, tanteando la roca con una mano mientras con la otra sostengo la lámpara improvisada.
—Cuidado aquí —le advierto.
Pero, de repente, Basima pierde el equilibrio y da un paso en falso. Solo escucho el pequeño crujido de la grava bajo su pie.
Luego, ella se inclina hacia un lado.
—¡Ah!
Su grito se corta en seco cuando resbal