(Narra Basima)
La voz de Victorio todavía vibra en la cueva cuando intento retroceder, pero mi tobillo no me permite moverme con rapidez. Él se abalanza sobre mí antes de que pueda escapar. Sus manos me agarran con fuerza.
—Siempre supe que te encontraría —murmura cerca de mi oído.
ntento apartarlo, empujarlo, pero su peso es demasiado. Me aprieta contra el suelo de piedra y el aire abandona mis pulmones de golpe.
—¡Suéltame, animal! —Mi grito apenas es un susurro.
—¿Creíste que podrías esc