(Narra Basima)
Los tres dormimos abrazados cubriéndonos de la frialdad de la cueva y de las gotas de lluvias que se escurren a través de las grietas del techo.
Después de media mañana, el viento y la lluvia comienzan a amainar. La humedad se retira poco a poco del aire y, escondida detrás de una pared de piedra, veo cómo los gitanos recogen sus pertenencias. Sus sombras se alejan entre la bruma, marchando por el sendero como si nada hubiera pasado, dejando un silencio pesado tras de sí. Sa