—¡Espera!
La voz de Victorio me atraviesa como un látigo. Aunque quiero avanzar, me clava la tierra con una sola palabra
Un escalofrío me recorre la espalda. Estaba a punto de irme, a punto de probar la libertad. Y entonces… sucede esto. Me giro despacio.
—¿Sí? ¿Desea usted algo, señor? —pregunto, fingiendo una inocencia que no siento.
Cada palabra raspa mi garganta.
Asco. Eso es lo que siento, lo que me devora por dentro.
Se acerca hasta quedar bajo el árbol que me oculta de la v