SEBASTIÁN.
Veo cómo su cara pasa de la sorpresa a la comprensión y a la devastación. Su corazón late desbocado mientras me mira fijamente, con sus preciosos ojos violetas muy abiertos.
No lo sabía, como yo suponía, y ojalá hubiera encontrado la forma de hacerle saber que Valerie la necesitaba.
Bueno, no me sorprende, meter la pata es mi fuerte y sigo haciéndolo.
Ella solía ser la voz de la lógica y la razón en mi vida, y por eso mi padre la aprobaba de verdad. Aunque nunca le gustó su padre,