“Claro, vamos a contarles a los ignorantes la realidad a la cual están tan ciegos que no pueden ver”, digo en voz baja, sin poder detenerme.
¿Quieren jugar? Entonces juguemos.
Miro a Sebastián con los ojos encendidos, y él frunce el ceño profundamente.
“Eres un Alfa…”, dice de repente, haciendo que el susurro se detenga.
Camino hacia la mesa y tomo asiento, sacando el que está a mi lado y esperando a que Valerie lo tome. Mis ojos permanecen en Sebastián mientras Valerie toma asiento a mi lad