La de Jai.
Una oleada de dolor me recorre el cuerpo y estoy a punto de correr y arrebatárselo de la mano cuando él habla.
“Es él, ¿no? El hombre que maté”.
Mis ojos brillan, el dolor y la culpa me recorren el cuerpo. “Sí, lo es. ¿Has olvidado cómo él se veía?”, pregunto con frialdad, arrebatándole la foto, con el corazón palpitando con fuerza.
“Maté a muchos en esa batalla. Eran solo una cifra… De todos modos, nunca recuerdo las caras de los que mato. Al final todos acaban luciendo iguales…”