“Lo siento, Sia…”, dice él con culpa.
Ella sacude la cabeza y le sonríe.
“Yo también lo siento, Zion...”.
No puedo evitar sonreírles a ambos cuando Zion toma su mano y la lleva suavemente a la cama. “Vamos, preparémonos para ir a la cama entonces”, le dice. “¡La medicina de Sia, mamá!”, agrega antes de apresurarse hacia el gran gabinete contra la pared del fondo.
“Mami la traerá. Aquí, ustedes dos pónganse sus pijamas”.
“Está bien, mami”, dice él mientras se apresura a volver hacia mí, y le