La brisa marina y el aire cargado de sal y coco inundaban las fosas nasales del mayor.
Todo era hermoso, pero tarde o temprano tenía que terminar y aquella dulce calma ya había llegado a su fin.
- Señor, ¿Quiere que llame a la señorita Lamprou para que lo reciba en el aeropuerto?.- Un hombre vestido de negro y de adusto porte preguntó respetuosamente.
- No. No es necesario.- El mayor respondió.- Mi nieta debe estar volviéndose loca en este con el lanzamiento de la nueva colección encima, su ag