Queenie sabía exactamente lo que le gustaba a Harvey. Ya le había preparado un poco de té negro añejo para que lo disfrutara.
Mientras la tenue fragancia del té se esparcía por el aire, Harvey subió a darse una ducha. Se sentía muy fresco después de ponerse la ropa de deporte.
Katy le lanzó una mirada curiosa. Después de un rato, se echó a reír.
“¡Si sigues apareciendo así a mi alrededor, tarde o temprano te daré un mordisco!”.
Harvey hizo un puchero después de oír aquellas palabras.
“¡No p