Habían pasado cuatro días desde el comienzo del torneo.
El escenario no había cambiado, las reglas no habían cambiado y el anfitrión seguía siendo la misma persona.
La única diferencia era la moral entre ambos lados del cuadrilátero.
Antes solo había unas cuantas personas sentadas en la zona de descanso oeste, pero ahora había miles.
Esas personas habían venido desde la India para animar a sus mejores talentos.
Después de su racha de victorias, los Indios confiaban plenamente en aplastar a