“Tú...”.
Cory estaba tan furioso que se quedó sin palabras.
Cuando estaba a punto de decir algo, una voz tranquila y digna lo interrumpió.
“¿Por qué no he sabido de tal cosa?”.
“¿Me pediste permiso?”.
“¿O estás diciendo que mis palabras no significan nada para ti?”.
La multitud se dispersó a ambos lados en un instante.
En lo más profundo del salón se vio a la Abuela York vestida con una túnica blanca, rodeada por una docena de personas.
Su rostro era bastante delgado, pero seguía parecie