Durante un tiempo, la situación fue extremadamente tensa.
Un destello de orgullo brilló en los ojos de Cory cuando vio que sus palabras bastaban para escandalizar a la multitud.
Soltó una risita fría y agitó su mano.
“Por el bien de tu padre, la Abuela York, y el hecho de que eres mi subalterno...”.
“Te dejaré ir esta vez”.
“¡Te voy a dar diez segundos para que te vayas de aquí!”.
“Si no lo haces, ¡no me culpes por matarte con mis propias manos, aunque seamos parientes de sangre!”.
Cory a