"¡B-bastardo!".
Los guardaespaldas pronto volvieron a sus sentidos.
Inmediatamente apuntaron sus armas de fuego a la cabeza de Harvey.
Edwin instintivamente se paró frente a Harvey.
Sin embargo, Harvey colocó la botella rota en su mano sobre el cuello de Harrison sin siquiera pestañear.
En ese instante, la sangre goteó de la piel cortada de Harrison.
“¡Hijo de p*ta! ¡¿Cómo te atreves a tomar como rehén al Joven Amo Yates?! ¡¿Quieres morir?!”.
"¡Déjalo ir, o te mataremos!".
"¡Dispararemos